POTRERO DE LAS TABLAS – AUN NO

La presa de embalse Potrero de las Tablas es una obra que se transformó en las últimas décadas en un ícono ilusorio para muchos políticos de Tucumán, que la emplean como un sueño o fantasía para las promesas electorales. Además de ello, diversos sectores están convencidos de su perentoria necesidad para afrontar problemas de escasez de agua, tanto para regadío de tierras agrícolas como para abastecer de agua potable a la población.

Conviene entonces evaluar en sus justos términos la conveniencia de encarar en firme y a corto plazo una obra de tamaña envergadura y alto costo.

Los embalses son absolutamente necesarios para que una región que cuenta con recursos de agua superficiales (ríos) pueda disponer de la mayor cantidad posible para sus necesidades. ¿Por qué? Porque permiten guardar las abundantes aguas del verano que se emplean poco, ya que a la agricultura le basta con las lluvias y los ingenios azucareros de Tucumán no trabajan, y acumularlas para la primavera siguiente, época de mayor consumo en todas las actividades. Para ello es necesario disponer de grandes volúmenes, que están en los valles de las zonas montañosas u onduladas (vasos) y estrechuras o “cierres” del terreno donde construir, a costos razonables, los diques necesarios para cerrar esos embalses.

Si no se dispone en un río de esos lugares que brinda la naturaleza, la cantidad aprovechable de su agua baja drasticamente, por ejemplo a un 25%, ya que cuando el agua supera las necesidades, al no poder guardarla, se pierde inevitablemente.

Así planteadas las cosas, un recurso hídrico superficial, no solo es representado por los caudales de los ríos sino por el conjunto “río + embalse + cierre”.

Ahora bien, Tucumán no tiene en su geografía, a pesar de la abundancia de agua en sus ríos, suficientes vasos y sus cierres para construir embalses y guardar las aguas del verano para enviarlas al invierno y primavera siguientes. Por ello, debe preservar sus embalses y cuidarlos para que duren el mayor tiempo posible. El principal factor que tiende a reducir la vida útil de un embalse es la colmatación con sedimentos que traen los ríos, producto de la degradación natural de sus cuencas (frecuentemente reforzada por la actividad humana).

Por otra parte, en Tucumán, un embalse sirve para abastecer de agua a las demandas como ser el agua potable para población, regadío e industrias (principalmente la azucarera). Los consumos que esas actividades tienen actualmente son excesivos e ineficientes, habiendo un gran margen de potenciales economías. Construir diques de embalse, obras de alto costo, para abastecer demandas de agua ineficientes o irracionales no solo implica una dilapidación de recursos económicos sino también, en el caso de Potrero de las Tablas, del recurso natural “agua + vaso + cierre” ya que se lo expone prematuramente a la pérdida por colmatación del vaso.

Es mucho más serio y estratégico racionalizar primeramente los usos del agua llevándolos a niveles de eficiencia razonables, antes de plantear la construcción de embalses. En caso contrario comprometemos seriamente la disponibilidad de agua para las generaciones futuras (bastante cercanas) a pesar de tener abundante agua en nuestra red hidrográfica. Ese criterio es recomendado fuertemente por la mayoría de los organismos de planificación y financiamiento internacionales. Se le oponen grupos sectoriales interesados en negocios o que buscan transferir al estado o a la sociedad los costos de su mal uso del agua.

Bajo esta óptica, considero que Potrero de las Tablas se deberá construir inexorablemente, pero no aún, cuando todavía es posible e imperioso racionalizar el consumo de agua para todos los tipos de usuarios, cada uno dentro de sus particularidades. El momento oportuno será cuando no se pueda hacer nada en esa dirección o sea de un costo tal que haga que esa presa sea la alternativa más favorable para dar más agua al sistema productivo y la población.

Procediendo con ese criterio en el uso de nuestro recurso hídrico, prolongaremos lo máximo posible la posibilidad de emplearlo hasta el tope que el tratado Interprovincial del Salí-Dulce, firmado con Santiago del Estero y Córdoba nos lo permite.

El embalse fue siempre pensado para abastecer de agua potable al sur de la ciudad capital San Miguel de Tucumán y las ciudades pedemontanas San Pablo y Lules, además de abastecer de agua para regadío. Allí reside su principal justificación. En el año 2006 una gestión de crédito ante el BID fue rechazada por considerar ese organismo que no financiaría la obra para abastecer de agua potable, ante la situación de mal uso existente. Se intentó cambiar el objetivo para facilitar la gestión, incorporando la protección de la ciudad de Lules y eliminando el embalse como pretendía el banco. En rigor, la justificación de Potrero de las Tablas como protección de la ciudad de Lules contra las crecidas estivales del río homónimo tiene como alternativas de mucho menor costo obras hidráulicas de protección de márgenes, mucho más accesibles a las arcas provinciales.

Este tema se trata en profundidad en el libro “El futuro del agua en Tucumán”, en su capítulo 9, junto a otros grandes proyectos hídricos para la provincia.

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Franklin Adler

Autor Franklin Adler

Ingeniero civil hidráulico, ex docente, consultor y experto en la problemática hídrica del Tucumán y el país. Ingeniero Civil, orientación Hidráulica, de la Universidad Nacional de Tucumán (1969). Fue Jefe de Proyectos de obras civiles e hidráulicas y Jefe de Estudios Básicos en la ex Empresa del Estado Agua y Energía Eléctrica, Jefatura Región I (Noroeste) de Estudios y Proyectos 1969-1985. Fue jefe del proyecto del aprovechamiento hidroeléctrico Potrero del Clavillo (Tucumán y Catamarca) y aprovechamientos de la cuenca alta del río Bermejo (Salta). Ex docente en el Área Hidráulica (Presas de embalse e Hidráulica Básica) de la carrera de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (1995-2011). Consultor de empresas privadas y organismos públicos en diversos temas de hidráulica, recursos hídricos y geotecnia. En particular en problemáticas de inundaciones y riesgos hídricos. Fue consultor en geotecnia en numerosas obras como la presa Piedra del Águila sobre el río Limay (Río Negro y Neuquén), de centrales termoeléctricas en la provincia de Tucumán, para el mineraloducto La Alumbrera y líneas de alta tensión para transporte de electricidad.   Casado, tres hijos, seis nietos.

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