La mediocridad que condena
(Tucumán, diciembre de 2015)

Días después del episodio que costó la vida a un forastero bajo el puente Central Córdoba en calle 24 de Setiembre al 1200, el 4/12/2015, me llamó alguien de la Municipalidad de S.M. de Tucumán para solicitarme datos sobre las obras de desagüe que se habían ejecutado allí para vaciar el bajo que se llena de agua en ocasión de tormentas intensas y que se transforma en trampa mortal prácticamente todos los veranos. Ejercí la dirección de una Comisión de Desagües Pluviales del ámbito capitalino en la década de los 90 y hacía veinte años que me había alejado de ese organismo.

Realizamos en ese entonces, con un colaborador, relevamientos de las obras preexistentes para abordar el problema, las que mostraron reiteradamente el total fracaso en lograrlo. Esos documentos desaparecieron de las oficinas municipales, lo que ya es un lugar común en la administración pública, donde nada se conserva, ni se respeta ni se valora. La ciudad no tiene historia. En eso y en muchas otras cosas.

La injusta muerte ocurrida generó mucha justificada indignación en la población. ¿Por qué tendría que saber un visitante lo que ocurre todos los veranos en ese lugar? Buscó cobijo bajo un puente y terminó ahogado. Hace casi cuarenta años que ocurre en los veranos; ya forma parte del paisaje urbano y sus peligros no conmueven mayormente a la sociedad; salvo cuando ocurre alguna muerte. Días después de la tragedia, todo se olvida.

Hace más de treinta años se pretendió dar una solución ingenieril al problema y se fracasó. ¿Mala ingeniería? ¿Problema inmanejable? Yo diría “mediocridad general”.

La realidad es que toda la concepción del sistema de desagües del eje Av. Mitre/Suipacha-Av. Alem/San Luis fracasó. El Plan Decio Costanzi de los años 60 planteó el conjunto de obras necesarias, las que, para funcionar adecuadamente, debían ser ejecutadas en una secuencia lógica atendiendo a la naturaleza de los escurrimientos del agua a través de la ciudad. No se respetó la lógica física de los problemas. Las obras se ejecutaron haciendo caso omiso de ellas y con pésima ingeniería, y el resultado fue que nunca se logró el objetivo propuesto. En todas las lluvias intensas, la cantidad de agua que escurre por Avenidas Mitre y Alem y por las calles paralelas Suipacha y San Luis es tan descomunal que pone en evidencia el fracaso de los desagües construidos en estas últimas. Parte de esas aguas, en cantidades imposibles de mensurar, escapa y se mete hacia el bajo del puente Central Córdoba, ocasionando el lago mortal.

Lo descripto no sólo ocurre en la ciudad con el colector Suipacha-San Luis sino también con el que va por calles Uruguay y Álvarez Condarco con idénticos resultados: Sirvieron poco y nada para mitigar inundaciones. Grandes obras, de alto costo, escaso a nulo resultado. En Yerba Buena está ocurriendo lo mismo con el colector del Bulevar 9 de Julio, actualmente en construcción.

Es decir, en síntesis, que la acumulación de aguas bajo el puente de calle 24 de Setiembre, es producto de la mediocridad general de numerosas administraciones municipales, de la mala calidad de la ingeniería tucumana y del acostumbramiento de la ciudadanía a ser cocinada lentamente como la rana en el caldero, sin capacidad ya de reaccionar. No se da a los problemas urbanos la importancia real que tienen, no se encomiendan las soluciones a los mejores cuadros humanos y las obras se abandonan apenas habilitadas.

Habiendo ya fracasado en solucionar el problema, lo necesario por hacer requiere una inversión tan importante para enmendar errores que pasa a integrar el conjunto de utopías que no caben en la cabeza de nuestros gobernantes ni de los ciudadanos. Sólo cabe pensar en un sistema de alerta y corte de tránsito en momento de tormentas, lo que también es de naturaleza delicada, lo que dudosamente una Municipalidad mediocre pueda manejar confiablemente.

La mediocre idiosincracia dominante en una sociedad se termina pagando finalmente. Hoy la pagó un inocente foráneo visitante. Una víctima más. Debería pesar sobre la conciencia de todos los que habitan y los que rigen los destinos de esta ciudad.

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Franklin Adler

Autor Franklin Adler

Ingeniero civil hidráulico, ex docente, consultor y experto en la problemática hídrica del Tucumán y el país. Ingeniero Civil, orientación Hidráulica, de la Universidad Nacional de Tucumán (1969). Fue Jefe de Proyectos de obras civiles e hidráulicas y Jefe de Estudios Básicos en la ex Empresa del Estado Agua y Energía Eléctrica, Jefatura Región I (Noroeste) de Estudios y Proyectos 1969-1985. Fue jefe del proyecto del aprovechamiento hidroeléctrico Potrero del Clavillo (Tucumán y Catamarca) y aprovechamientos de la cuenca alta del río Bermejo (Salta). Ex docente en el Área Hidráulica (Presas de embalse e Hidráulica Básica) de la carrera de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (1995-2011). Consultor de empresas privadas y organismos públicos en diversos temas de hidráulica, recursos hídricos y geotecnia. En particular en problemáticas de inundaciones y riesgos hídricos. Fue consultor en geotecnia en numerosas obras como la presa Piedra del Águila sobre el río Limay (Río Negro y Neuquén), de centrales termoeléctricas en la provincia de Tucumán, para el mineraloducto La Alumbrera y líneas de alta tensión para transporte de electricidad.   Casado, tres hijos, seis nietos.

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