PAVIMENTOS Y PROGRESO

El diario La Gaceta, de Tucumán, del 17/10/2011 publicaba los compromisos de dieciocho intendentes de ciudades de la
provincia, sin incluir la capital, referidos a las obras públicas que afrontarían en sus municipios en las gestiones que se iniciarían próximamente.

Los caballitos de batalla serían (continuarían siéndolo), por excelencia, los pavimentos y los cordones-cuneta. Estas obras son las preferidas de la gestión actual, la anterior, la próxima (¿y quizás ultra-próxima?) puesto que convencen fácilmente a la población que pavimento es si-
nónimo de progreso, con lo que aseguran votos a quienes no les basta con bolsones y/o planes sociales. Esto seguramente continuará así hasta que todas las calles de las ciudades y pueblos estén totalmente pavimentadas….y se retome con los ciclos de reconstrucción de los pavimentos rotos.

En efecto, es lógico que quienes vivieron toda su vida en calles de tierra, soportando el polvo, el lodo, los charcos infectos, las dificultades de acceso y todas las calamidades consecuentes de la falta de una “capita dura” sobre la tierra, vean a los gobernantes pavimentadores como
mesías que vinieron a cambiarles la vida. En agradecimiento, les darán el voto tantas veces como ellos lo requieran. Lo contrario no se correspondería con la nobleza criolla, que sabe retribuir a quienes se ocupan tan magnanimamente de los problemas del pueblo.

La ansiedad de los gobernantes-pavimentadores por resolver prontamente estos problemas de la población es tan grande, que se les escapan varias cuestiones que suelen provocar frustraciones como al niño que se le regala un juguete de plástico barato que se rompe apenas lo toma para jugar. Veamos algunas:

1. Hay que pavimentar tan rápidamente que no se puede (ni quiere) perder tiempo en cosas insignificantes como reubicar postes de luz o teléfono, sacar árboles molestos (son muy respetuosos del medio ambiente… en esos casos). No importa que el resultado sea una calle con veredas inútilmente anchas y calzadas tan estrechas que no permiten el paso o estacionamiento de autos en ambas direcciones (pudiéndolo si se respetaran los anchos de calzada y veredas que fijan las normas municipales). Calles previstas para ser amplias y cómodas terminan siendo estrechos pasajes con vehículos disputándose el escaso espacio disponible. Calles condenadas para siempre, ya que ningún municipio las reconstruirá para hacerlas “como se debe”. Muchas calles de la moderna Yerba Buena atestiguan lo aseverado.
2. No se controla la calidad técnica de lo ejecutado por las empresas constructoras.(Se logran grandes economías en las obras evitando los sueldos de inspectores). Las empresas hacen su agosto, los pavimentos duran lo justo hasta pasadas las elecciones o reelecciones, permitiendo que todos vuelvan a corto plazo a usar la repavimentación como gran recurso electoral. En fin, una perinola en la que todos ganan, excepto el ciudadano que sigue creyendo que los gobernantes-pavimentadores trabajan para su bien. Pavimentos hundidos sobre zanjas de tendidos de agua o cloacas no compactadas, capas de asfalto desintegradas, cordones-cuneta descalzados, juntas viboreantes que no sirven, adoquinados hundidos por doquier, todo al poco tiempo de inaugurados.
3. Cuanto más calles se pavimentan, más se impermeabiliza el suelo y más rápidamente circula el agua de las lluvias tropicales del verano tucumano, concentrándose y acumulándose aceleradamente, desbordando a las veredas e inundando zonas y propiedades más bajas. Con la pavimentación indiscriminada se crean o agudizan esos problemas. Evitarlos implicaría prever y ejecutar las obras de desagües pluviales, de costo superior a la voluntad de gobernantes-pavimentadores. Por tanto, los desagües pluviales son a todas luces enemigos del progreso y deben ser omitidos mientras se pueda… en aras del progreso.
4. Muchas calles se pavimentan sin siquiera contar con un proyecto de ingeniería que estudie y considere los problemas de desniveles, los desagües, las interrelaciones con las restantes calles, las reubicaciones de otras redes. Se decide sobre la marcha (usualmente “a la criolla”). El progreso no se detiene por esas minucias. He visto casos donde las decisiones las tomaba el motoniveladorista, a su gusto y paladar o a pedido de algún vecino al que sólo le importaban sus necesidades o conveniencias.
5. La calidad de las ejecuciones deja mucho que desear. Los hormigones se vierten o esparcen sobre la tierra con total desaliño, mezclándose con tierra, hojarasca y basura. Para emplear términos más apropiados, en lugar de llamarlos “planes de pavimentación” qui-
zás debería emplearse “planes de revoque de suelos”. Que ello implique que a corto plazo los pavimentos muestren su baja calidad son los costos del progreso que seguramente se irán acomodando sobre la marcha.

Así van creciendo las ciudades tucumanas hacia su modernidad y su venturoso progreso. Así las cosas, ¿Quién podrá protegernos?

Franklin J. Adler

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Franklin Adler

Autor Franklin Adler

Ingeniero civil hidráulico, ex docente, consultor y experto en la problemática hídrica del Tucumán y el país. Ingeniero Civil, orientación Hidráulica, de la Universidad Nacional de Tucumán (1969). Fue Jefe de Proyectos de obras civiles e hidráulicas y Jefe de Estudios Básicos en la ex Empresa del Estado Agua y Energía Eléctrica, Jefatura Región I (Noroeste) de Estudios y Proyectos 1969-1985. Fue jefe del proyecto del aprovechamiento hidroeléctrico Potrero del Clavillo (Tucumán y Catamarca) y aprovechamientos de la cuenca alta del río Bermejo (Salta). Ex docente en el Área Hidráulica (Presas de embalse e Hidráulica Básica) de la carrera de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (1995-2011). Consultor de empresas privadas y organismos públicos en diversos temas de hidráulica, recursos hídricos y geotecnia. En particular en problemáticas de inundaciones y riesgos hídricos. Fue consultor en geotecnia en numerosas obras como la presa Piedra del Águila sobre el río Limay (Río Negro y Neuquén), de centrales termoeléctricas en la provincia de Tucumán, para el mineraloducto La Alumbrera y líneas de alta tensión para transporte de electricidad.   Casado, tres hijos, seis nietos.

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